Reflexiones de un insomne
Espacio para la catarsis, mis propios y despendolados deseos mezclados con algunos esbozos pseudoliterarios...paciencia conmigo pero invitados estáis.
sábado, 27 de agosto de 2016
Trazas de madrugada...
miércoles, 23 de diciembre de 2015
Perelman
martes, 20 de enero de 2015
Insomnio
martes, 13 de enero de 2015
Vuelta a la carga….regreso al blog
Hace mucho tiempo que no escribo nada en este blog, ninguna entrada, un blog inacabado. A veces uno se replantea si la necesidad de exteriorizar algunos pensamientos fuera de las redes sociales (no se me ocurre un sitio más inapropiado que una red social para ello) es natural, incluso fisiológica. En todo caso quizá suponga un alivio para mí mismo y vosotros, queridos lectores, siempre tenéis la posibilidad de no tener que leerlo, o cerrarlo justo en el primer párrafo.
La vuelta a estas páginas de pixeles, quizá suponga un paso atrás en el ritmo vertiginoso que la clínica y la gestión de la investigación supone en mi devenir diario. Quizá me esté recordando a mí mismo que hay vida más allá de los test estadísticos y de los objetivos de contrato programa. Quizá, querido lector, me esté recordando que he de cuidar más tanto mi relación contigo como con los propios seres que me rodean y quieren, muy especialmente con estos últimos.
Esta noche daré ya por concluida la elaboración de informes, las peleas continuas con el correo electrónico y los diálogos imposibles con SPSS y R. Mañana será otro día y, de momento, sólo me apetece contar que en la vida hay algo más, familia, mujer e hijos que te quieren tanto que dudas que estés devolviendo lo que merecen en su justa medida. También hay viejos y nuevos libros olvidados sobre la mesita de noche, libros que te recuerdan cada vez que te acuestas, que te dejas la sangre por algo que no sabes si en el fondo merecerá la pena. El olor a papel impreso, las cubiertas desgastadas por un manoseo ineficaz de la memoria de los muertos, que se aglutinan en el dormitorio… tantas y tantas cosas que uno pierde en el devenir de cada día…
Y cada día es un día que se va para no regresar. Lo que sí regresa, son mis locuras y transgresiones de madrugada.
Descansad mis queridos insomnes.
domingo, 30 de diciembre de 2012
Un post de JM Bolivar: El Fin de los Empleados Forrest Gump
Esta entrada del siempre oportuno y magnífico José Miguel Bolivar me ha dado que pensar. En esta mañana fría de pueblo, donde casi nadie se mueve por las calles aún, basta echar una ojeada para distinguir, desde la ventana, algún "Forrest Gump".
En mi propósito de no dejar de escribir en el blog aunque fuera combinando lo original con lo prestado (eso sí, prestado con licencia y citando), aquí os dejo algo que creo os gustará.
Feliz Navidad a todos
El Fin de los Empleados Forrest Gump
de Jose Miguel Bolivar

domingo, 16 de diciembre de 2012
Luis
domingo, 21 de octubre de 2012
Lo siento por la confianza…
Sentir que se destroza la confianza que has depositado durante años en algunos colectivos o personas, es, a qué negarlo una gran putada, como mínimo da para un estadillo de blog, o como dicen los más snobs, un “post”.
Hay ocasiones en las que, como decía mi viejo amigo Pepe, es mejor hacer como los buenos toreros: “parar y templar” y, justamente eso hago yo hoy. Ahora mismo no sé si seguir al frente de la tutoría de residentes es lo mejor (ni para mí ni para ellos). Tampoco tengo en absoluto claro si mis residentes están contando con un tutor a la altura de las circunstancias o, por contra, soy yo el que sigue creyendo que los residentes son de la pasta que eran, y los tiempos han cambiado… sinceramente, no lo sé.
Las decisiones en caliente nunca son una buena estrategia, lo tengo claro. Por este motivo me voy a dar un pequeño plazo de reflexión, básicamente hasta la incorporación de los nuevos R1. En este periodo intentaré hacer balance de lo que doy y lo que ellos dan a cambio. Las cuentas son las cuentas, ya veremos qué resulta de todo esto. Puede ocurrir, es probable, que sea yo el que no de lo suficiente.
Esta labor, que suele ser callada, a veces poco productiva y casi siempre poco reconocida, suele ocupar una parte no desdeñable de mi vida laboral pero también de la familiar. Reacciones, comportamientos y actitudes de personas en general (residentes, adjuntos, directivos, etc….) me obligan a plantearme este puñetero dilema y a tener que afrontarlo en breve. Quizá sigo en el limbo, recordando cuando daba las gracias porque de madrugada un adjunto me llamaba para enseñarme un caso curioso, una rareza. Quizá echo en falta cuando me mandaban de vuelta a mi consulta a corregir una historia clínica mal hecha, o incompleta. Quizá…quizá me haya suavizado con los tiempos y haya olvidado la máxima de que ser un buen tutor no tiene por qué significar ser un amigo para todos. El tiro va errado y torcido, no es nuevo, como veis, hay mucho que pensar.
Mientras tanto, seguiré escribiendo, tratando de publicar algo en lo que me gusta, trabajando según pueda y me dejen las jodidas circunstancias que nos están tocando vivir a todos. Y con buena música os dejo, mientras me lo medito. Feliz domingo
jueves, 18 de octubre de 2012
Diez consejos profesionales para perder el miedo a hablar en público.
Enviado por Juanma a través de Google Reader:
Los directivos y su miedo a hablar en público.
Por Francisco Alcaide Hernández.
El Arte de Presentar.
He tenido la oportunidad de conversar con muchos directivos, y aunque sólo excepcionalmente lo revelan de manera clara, hay dos miedos que son recurrentes. El primero tiene que ver con un cierto recelo a la hora de tratar con periodistas, especialmente cuando la empresa aparece en los medios por cuestiones espinosas. El segundo miedo tiene que ver con una cierta aversión a hablar en público.
Hoy sólo me detengo en este último miedo y esbozo diez ideas al respecto:
1. Pedir ayuda no es ser débil
Hay una falsa percepción de los directivos como personas perfectas; gente exquisita y sin fisuras. Nada más lejos de la realidad. Los directivos, como todos, son seres humanos con inseguridades y miedos, y esa percepción general les genera fuertes presiones que les impiden avanzar. Se identifica pedir ayuda con ser débil, y para no dejar al desnudo sus carencias, buscan excusas para no dar la cara y así evitar tener que hablar en público. Sin embargo, hay ciertos mensajes que deben ser comunicados por los primeros espadas y no admiten delegación alguna.
Además, la acción alimenta la confianza; la pasividad y la indecisión, el miedo. Cada día que se elude el riesgo de hablar en público, el miedo engorda al comprobarse que uno no ha sido capaz de afrontar la situación. Decir no sé y solicitar ayuda es uno de los rasgos que distingue a las personas más inteligentes. A partir de ahí comienza la verdadera transformación.
2. La peor especie de enemigos es la de los aduladores
Tampoco los colaboradores ayudan mucho en este sentido. Pocos son los que se atreven a decir a su superior lo que realmente piensan: "Mire, jefe, es usted un tostón cuando habla en público". La comunicación es asimétrica, con una autoridad de por medio, lo que genera siempre respeto a una de las partes que no quiere poner en peligro su posición.
Para mejorar, la única opción es rodearse de colaboradores críticos y exigentes que puedan expresarse sin tapujos, y ello sólo es posible si se cultiva una variable: la confianza. Sólo entonces, la gente da su opinión sin temor a las consecuencias.
3. No hay mejor práctica que una buena teoría
Hablar en público no consiste en abrir la boca y soltar un rollo para salir del paso. Es una falta de respeto y profesionalidad hacia la gente que te dedica su tiempo. Hablar en público, como todo, tiene su técnica y método, tanto antes, como durante y después de la intervención. Hay que conocer el tipo de audiencia al que uno se dirige, el lugar de la exposición, la duración, el mensaje o los elementos audiovisuales, entre otros factores.
Cuanta más atención se preste a cada uno de los detalles, tanto mejor será el impacto. Para ello es recomendable leer lo que otros se han encargado de investigar y conceptualizar. Es cierto que la experiencia es la mejor escuela, pero cuando ésta se acompaña de estudio y reflexión, los resultados son siempre mejores.
4. Tanto inviertes, tanto ganas
La calidad de una presentación está en relación al esfuerzo empleado en prepararse. No hay mayor misterio. No sólo será mejor el contenido y el continente sino que además tendrás mayor seguridad en ti mismo al dejar menos elementos en manos del azar.
Cada presentación es una ocasión de impactar, tanto a nivel personal como profesional, por tanto, merece la pena no desaprovechar ese momento y dedicar tiempo a su preparación. Cuando una persona habla bien en público sale fortalecida la empresa a la que representa, el producto que vende o su propia imagen.
5. La repetición es la madre de la destreza
Ya lo decía Aristóteles: "Lo que tenemos que aprender, tenemos que aprender haciéndolo". La repetición es la madre de la destreza. Cada día que uno practica, mejora; cada día que no se hace, se pierde algo. El respeto a la audiencia, igual que el del actor al escenario, nunca desaparece. Siempre existen incertidumbres: nuevo público, nuevo emplazamiento, nuevo tema…
Es normal esa intranquilidad. ¿La clave? Como decía Jiddu Krishnamurti: "Haz lo que temes y el temor desaparecerá". El miedo no se derrota de una vez, sino ganándole terreno día a día, poquito a poco. Cada vez que lo afrontas, se diluye un poco.
6. La herramienta más poderosa: un buen feed–back
Nos cuesta mucho hacer autocrítica, pero es el único camino para seguir creciendo. Después de cada intervención hay que hacer análisis. Pide opinión a personas de tu confianza. Un feed–back honesto y hecho con tacto es lo mejor que le puede pasar a una persona para su desarrollo personal. Los grandes líderes se distinguen porque quieren saber la verdad. No niegan la realidad.
Hay dos preguntas que te permitirán avanzar mucho: ¿Qué nota me darías de 0 a 10? Y segunda: ¿Qué mejorarías para conseguir el 10? No tengas miedo a las respuestas. Si estás dispuesto a escuchar opiniones que no te gustan puedes llegar muy lejos. No te refugies en el orgullo y sé humilde.
7. Sé amable contigo mismo
Está bien exigirse a uno mismo, pero sin flagelarse. Como señala Anthony Robbins: "No importa cuántos errores cometas o lo despacio que progresas, todavía estás muy por delante de aquellos que ni lo intentan". Sí, hay cosas que mejorar, pero hoy estás más cerca de tu objetivo que ayer.
La vida es un proceso, nunca un estado. Lo importante es no parar. Siempre hay aristas que limar, pero lo relevante es la tendencia, ver que cada día evolucionas y creces un poco.
8. No te incomodes con las críticas
Con independencia de lo bien que lo hayas hecho, siempre habrá personas a las que no les guste tu intervención. Es ley de vida. En unas ocasiones serán cuestiones de fondo (lo que se dice) y en otras de forma (cómo se dice). Cada personalidad y cada estilo de speaker generan seguidores y detractores. Los hay directos y provocadores y otros más suaves y sutiles. Unos y otros generan reacciones de diversa índole.
En cualquier caso, lo peor es ser indiferente; alguien estándar; eso te sitúa en la media. Busca tu singularidad y dale forma. Haz de ella tu sello de identidad, para lo bueno y lo malo.
9. La sencillez es la virtud de los sabios
Hay una máxima que conviene no olvidar: "Entre dos explicaciones, elige la más clara; entre dos formas, la más elemental; entre dos expresiones, la más breve". Los mejores expertos se distinguen por su facilidad para expresar argumentos con sencillez. Y cuando más complejo sea el mensaje a transmitir, mayor la necesidad de hacerlo comprensible. Lo contrario es acariciar el Ego.
La sencillez también se manifiesta en la brevedad. Guy Kawaski apuntaba: "Nunca he visto una presentación demasiado corta". Hay pocos ponentes que se ajustan al tiempo asignado, y sin embargo, es la mayor muestra de consideración hacia la audiencia. Cuando se cumple, el público lo aprecia mucho.
10. Cosecha beneficios en múltiples áreas
Hacer el esfuerzo por hablar bien en público produce réditos en todos los ámbitos:
- se gana credibilidad frente a terceros al ser más convincentes;
- aumenta la autoestima, y la autoestima es un factor indispensable del éxito;
- incrementa las posibilidades laborales porque en cualquier puesto de trabajo hay que hacer presentaciones;
- engrasa las negociaciones facilitando su cierre al ser más persuasivos;
- ayuda a la hora de vender al ser capaces de argumentar mejor; y, por último,
- en tu vida personal aparecerás más atractivo a los ojos de los demás al dar sensación de seguridad en ti mismo.
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- En cada presentación haz algo para salirte de tu zona de confort
- ¿Cuál es el estado emocional que quieres para ti y para tu audiencia?
Diálogo abierto:
¿Cuáles crees que son los mayores obstáculos que afrontan los directivos para hablar en público?
…………….
oct 02 2012
Esta entrada ha sido amablemente escrita por Francisco Alcaide Hernández, experto en Desarrollo Personal y Profesor de Habilidades Directivas de la Nebrija Business School. Su blog es uno de los más seguidos en el área de management y self-management. Es autor, sólo o en colaboración, de seis libros, el último de ellos Fast Good Management.
Licencia:
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Fuente: El Arte de Presentar
Imagen: Public speaking anxiety
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jueves, 12 de julio de 2012
Agradecimientos de una tesis...
Juan Manuel García Torrecillas
domingo, 1 de julio de 2012
¿Abandonar el barco?
Son tiempos convulsos, de ataques frontales, de legítima defensa para los que estamos inmersos en el Titanic del mundo sanitario. Se proponen y se leen actitudes y comportamientos, por acción o por omisión, en defensa legítima de los intereses del personal sanitario y, como siempre, me asaltan las dudas.
No me gusta mantenerme al margen, ni me gustan aquellos que “estando en el escenario, no son más que decoraos” como dice la canción. No obstante, en este soliloquio en voz (o letra) alta se me plantean algunas dudas que no puedo dejar de exponer.
No escribiría este post si tuviera las ideas claras en todo, y no creo que nadie sea poseedor de la verdad absoluta en el matiz que paso a comentar. Vaya por delante que las actuaciones de la Administración sobre los sanitarios, y más concretamente sobre los sanitarios andaluces, me parecen impresentables y que merecen su justa respuesta. Respuesta sin dañar al paciente y en ello se está siendo exquisito por parte de todos los compañeros, pero respuesta efectiva, eficiente y contundente hacia aquellos que pretenden utilizar la tijera de nuevo sobre el funcionariado sanitario y mermar la atención a un sector importante de la población (inmigrantes, pensionistas, etc). En este sentido, mi máxima adhesión a los compañeros que tan dignamente defienden esta justa causa.
Recientemente una de las iniciativas tomadas en algunos centros hospitalarios Andaluces ha sido la dimisión más o menos masiva de los tutores de residentes. Me ha inquietado el blog de JA Prados en el que invita a ello, porque como persona de referencia en la Medicina (y concretamente en la de Familia), su opinión hay que tenerla en cuenta y sopesarla, tanto en cuanto viene de alguien con bastante crédito. Pese a ello….yo sigo con mis dudas.
Personalmente pienso que la Administración no ha tenido un especial cuidado o mimo con los médicos residentes. Hace ya años que lograron una discreta mejora salarial y siguen siendo un sector lábil y fácilmente dañable dentro de las estructuras sanitarias. La pregunta que me surge, como tutor, es sencilla ¿dónde puedo defender mejor a mis residentes?. Os juro que no tengo la respuesta y, como os dije, este soliloquio quizá me ayude a clarificar mis dudas.
Dejar la tutoría de residentes es dejarlos en manos de los jefes de las UGC y ello puede ser bueno o malo según quién sea el jefe de dicha unidad, claro que también dejarlos en manos de sus tutores puede ser tan bueno o malo como lo sea el propio tutor. Ante la dimisión del grupo de tutores pueden darse otras opciones poco apetecibles: nuevos tutores convocados con urgencia y con adhesión positivamente dudosa a la Administración, digamos, complacientes…., seguir bajo la tutela de los jefes de UGC (variabilidad como ya dije), o directamente la orfandad y la diseminación de los residentes o emigración hacia otros hospitales donde pueda asumirse la continuidad formativa si es que en sus centros de origen la orfandad es total. Este último es, sin lugar a dudas, el peor de los supuestos, entre otras cosas porque es poco viable ¿alguien se imagina a 300 o 3000 residentes emigrando de hospital en hospital a la caza de un tutor que le quiera adoptar?. Sinceramente creo que no se merecen esto y, con la misma sinceridad, creo que a los que mandan, les importaría un bledo. La cuestión es: ¿podemos hacer algo desde nuestro puesto de tutor que permita la defensa de nuestra posición como sanitarios y al tiempo garantice que los residentes no van a ser los daños colaterales de esta “guerra”?. A ratos creo que sí.
Como veis, este no es un post que pretenda mostrar una opinión formada, sólo en fase de meditación, procurando evadirme a ratos del “calentón” de la batalla. Claro que como a muchos me gustaría mandarlo todo al santo carajo, pero cuando pienso en mis más de 40 residentes de Medicina de Familia, convocados en reunión, para decirles, aquí os quedáis, el capitán se larga…. me asaltan las dudas, muchas dudas.
Quizá muchos de mis compañeros tengan razón y ésta sea una medida de presión razonable y efectiva para hacer entrar a la Administración, quizá la tengan… de momento yo voy a seguir meditándolo unos días más, no lo tengo claro.
Alguno me llamará esquirol… sólo soy un médico que duda, y la duda siempre ha honrado a los médicos.
Mi solidario apoyo a los compañeros en casi todas las medidas adoptadas, pero permitidme que, este punto, me lo piense un poco más. Yo también he sido residente y nunca me sentí desamparado…
Feliz noche y…meditemos antes de hablar, sin comportamientos impulsivos… ¿abandona el capitán al barco mientras se hunde? ¿no lo abandona? ¿lo abandonamos creyendo que el barco no se hundirá?. Perdonadme que sea tan torpe como para tener estas dudas.